Bajábamos por las escaleras como cada noche y cruzábamos la entrada para salir por la cancela que separaba el edificio de la calle. Era raro que a esas horas de la noche todavía quedasen niños en el patio. Abrimos la cancela y nos quedamos en los escalones que dan a la calle. Una niña y un niño quedaron dentro, estaban jugando a no sé qué.
-¿Me puedes pasar esa lata que está en el suelo?- dijo la niña sacando el brazo por la cancela en señal de que se la dieran en la malo.
Era una lata de Red Bull y estaba en la calle tirada.
-Pero está en la calle, las cosas del suelo no se cogen.- respondí automáticamente.
Él la cogió y se la dio a la niña que estaba ansiosa. El niño estaba a su lado, paciente.
-Si no estuviera la cancela ahí la abrían cogido ellos. O si no estuviéramos nosotros aquí la hubieran abierto y la hubiesen cogido de todas formas.-me respondió con sus sabias palabras.
-Es verdad- le respondí.
Tras la cancela observábamos cómo los dos niños se sentaban a lo indio en el suelo de chinos de la entrada. Estaban uno enfrente del otro y la chica, que era la que llevaba el mando, puso la lata entre los dos y la giró con la mano, simulando el típico juego de la botella. El chico esperaba enfrente, algo tímido. Me quedé sorprendida, me gustaba observarlos tras la cancela, que cuando me di cuenta los observaba tras un dibujo de un corazón que formaban los hierros. Me pareció curioso. El primer giro no apuntó ni a uno ni a otro pero la chica seguía la dirección de la lata y por arte de magia hizo que coincidiese con su rodilla.
-Me ha tocado a mí. ¡Elijo beso!- respondió satisfecha.
El chico se hechó las manos a la cabeza en símbolo de ¡oh no!
Nosotros contemplábamos la escena como si estuviésemos en el cine viendo una película.
La chica dio otra oportunidad al muchacho e hizo girar otra vez la lata haciendo que coincidiese de nuevo con ella, esta vez con su pie.
¡Beso! - gritó de nuevo.
Esta vez no hubo más oportunidades. Se acercó la mano a la boca y se dio un beso en la palma de la mano. Seguidamente con el beso en ésta dio una palmada en la cabeza del niño en señal de que ya le había dado el beso.
Los chicos seguían con su juego mientras nosotros comentábamos la escena. Y otra vez más los niños me hicieron sonreir.
Mostrando entradas con la etiqueta niños. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta niños. Mostrar todas las entradas
lunes, 1 de agosto de 2011
Perdone
Perdone ¿no hay niños por aquí?
Eso me preguntó una vez una niña, estaba en el patio donde antes jugábamos todos. Pero ese día allí no había nadie, sólo ella.
Respuesta negativa, pocos niños juegan fuera de sus casas.
-Ah, vale. ¡Gracias!- me respondió.
Los niños tan educados siempre. La verdad es que sus frases son frases para pensar. Últimamente no sé si es que me hablan más o será que los escucho más.
Antes los niños jugaban en la calle, ahora juegan en sus casas. Antes jugaban con más niños, ahora juegan solos. Antes las mamis los llamaban por la ventana, ahora por el móvil. Antes se jugaba al escondite, al teje, al coger…, ahora a la wii, ala play, xbox… Cada vez son menos los niños que juegan como antes y es una pena…
Al menos, últimamente si hay niños en el patio.
Eso me preguntó una vez una niña, estaba en el patio donde antes jugábamos todos. Pero ese día allí no había nadie, sólo ella.
Respuesta negativa, pocos niños juegan fuera de sus casas.
-Ah, vale. ¡Gracias!- me respondió.
Los niños tan educados siempre. La verdad es que sus frases son frases para pensar. Últimamente no sé si es que me hablan más o será que los escucho más.
Antes los niños jugaban en la calle, ahora juegan en sus casas. Antes jugaban con más niños, ahora juegan solos. Antes las mamis los llamaban por la ventana, ahora por el móvil. Antes se jugaba al escondite, al teje, al coger…, ahora a la wii, ala play, xbox… Cada vez son menos los niños que juegan como antes y es una pena…
Al menos, últimamente si hay niños en el patio.
jueves, 30 de junio de 2011
Los niños
Niños, pequeñas personitas que todos fuimos y que a veces volvemos a ser. Los hay más graciosos, menos graciosos, más llorones, menos llorones, dormilones, rechistones… en fin… pero todos son… niños. Uno de ellos dijo un día:
-Usted, usted- chilló desde el balcón del segundo piso.
Ella se encontraba en el patio central y escuchó una voz de niño decir algo desde arriba.
-¡Usted, mujer!- volvió a sugerir el niño, sentado en el borde del balcón, agarrado a las rejas.
La chica miró hacia arriba, poniéndose la mano en la frente porque el sol daba fuerte. Tras ver la imagen blanca creada por el resplandor de éste, vio al chiquillo que se estaba dirigiendo a ella.
-¡Usteeeedddd!
-¡Niños!- se dijo en voz bajita - ¡Al menos ellos saben dirigirse a las personas!
------------------------------------------------------------------------------
A ciento once kilómetros
Hacía calor y caminaba en dirección a casa. Gente, más gente. Se fijó en un señor que iba delante, iba sin camiseta, un hombre mayor. Mientras ella imaginaba historias ajenas como de costumbre, una voz pueril interrumpió sus pensamientos:
-¡Usted, usted!
Esa voz la trasladó al día anterior, cuando el niño del balcón la había estado llamando insistentemente.
-¡Usted, usted!- volvió a gritar la criatura.
Ella, miró hacia atrás, sumergida en que era el mismo niño. No podía ser, estaba a cien kilómetros del anterior suceso. Al girar la cabeza vio como el niño tiraba de su madre y ella lo agarraba por el brazo.
-¡Usted, usted!-volvió a gritar el niño.
Ella ya sabía que no se dirigía a ella, sino al señor que iba delante suya, en el que se había fijado antes, un hombre de complexión delgada, sin camiseta, con la espalda un poco poblada y abundantes barbas largas y canosas. Andaba con la camiseta colgada de la mano, arrastrándola por el suelo. Era el típico hombre que cualquier niño al verlo diría a su madre: Ese hombre es pobre ¿no?
Bueno, a lo que iba, el niño volvió a repetir sus ansiosas palabras mientras alzaba la mano con algo brillante en ella. Una moneda. Al fin consiguió alcanzar a su presa, este señor “pobre”. El niño, con una sonrisa en la cara, le regaló esa moneda, pensando que esa moneda lo haría “rico”. La "riqueza", pero la que está en el interior, en la mente, en el corazón. Una persona adinerada no podría considerarse “rica” si no lo es de corazón. La “riqueza” valor con el que se nace, otra cosa es que luego te la quiten.
:)
-Usted, usted- chilló desde el balcón del segundo piso.
Ella se encontraba en el patio central y escuchó una voz de niño decir algo desde arriba.
-¡Usted, mujer!- volvió a sugerir el niño, sentado en el borde del balcón, agarrado a las rejas.
La chica miró hacia arriba, poniéndose la mano en la frente porque el sol daba fuerte. Tras ver la imagen blanca creada por el resplandor de éste, vio al chiquillo que se estaba dirigiendo a ella.
-¡Usteeeedddd!
-¡Niños!- se dijo en voz bajita - ¡Al menos ellos saben dirigirse a las personas!
------------------------------------------------------------------------------
A ciento once kilómetros
Hacía calor y caminaba en dirección a casa. Gente, más gente. Se fijó en un señor que iba delante, iba sin camiseta, un hombre mayor. Mientras ella imaginaba historias ajenas como de costumbre, una voz pueril interrumpió sus pensamientos:
-¡Usted, usted!
Esa voz la trasladó al día anterior, cuando el niño del balcón la había estado llamando insistentemente.
-¡Usted, usted!- volvió a gritar la criatura.
Ella, miró hacia atrás, sumergida en que era el mismo niño. No podía ser, estaba a cien kilómetros del anterior suceso. Al girar la cabeza vio como el niño tiraba de su madre y ella lo agarraba por el brazo.
-¡Usted, usted!-volvió a gritar el niño.
Ella ya sabía que no se dirigía a ella, sino al señor que iba delante suya, en el que se había fijado antes, un hombre de complexión delgada, sin camiseta, con la espalda un poco poblada y abundantes barbas largas y canosas. Andaba con la camiseta colgada de la mano, arrastrándola por el suelo. Era el típico hombre que cualquier niño al verlo diría a su madre: Ese hombre es pobre ¿no?
Bueno, a lo que iba, el niño volvió a repetir sus ansiosas palabras mientras alzaba la mano con algo brillante en ella. Una moneda. Al fin consiguió alcanzar a su presa, este señor “pobre”. El niño, con una sonrisa en la cara, le regaló esa moneda, pensando que esa moneda lo haría “rico”. La "riqueza", pero la que está en el interior, en la mente, en el corazón. Una persona adinerada no podría considerarse “rica” si no lo es de corazón. La “riqueza” valor con el que se nace, otra cosa es que luego te la quiten.
:)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)